El coleccionista

 

Son las cinco de la tarde y me anuncio con el vigilante para entrar al edificio donde tengo mi reunión. Después de unos minutos me autorizan el acceso y entro a parquear. Conduzco hasta el fondo del parqueadero y se hace inevitable detenerme para admirar el numeroso grupo de automóviles BMW que descansan ante la vista de nadie. Llaman mi atención, entre los diez carros que veo, dos ejemplares por su especial colorido, pues se trata de una 2002 touring naranja y un 2002 targa rojo. Estoy en el lugar correcto. Subiendo las escaleras únicamente pienso en el amor. Intento descifrar la respuesta a las tantas preguntas que me surgen sobre aquel hombre que un día se enamoró de BMW. Entro entonces a la oficina que me es indicada y allí está él: el coleccionista.

Se encuentra recibiendo una llamada por lo que me hace señas para que siga y lo espere. Hay tanto por observar que no logro concentrarme en nada. El espacio está decorado con carros BMW escala 1:18, una mesa cuya base es el motor de un M6 y una motocicleta R56 que reposa junto al escritorio. Recorro la oficina apreciando cada uno de los detalles que le dan ese ingrediente mágico que solo los gomosos podemos entender. Llego entonces a una puerta de vidrio que llamó mi atención desde que entré, pues al otro lado se encuentra la galería privada de aquel hombre que aún permanece al teléfono.

La galería del coleccionista es, sin duda alguna, el espacio más llamativo y único que he conocido en Colombia en cuanto al tema de los BMW clásicos. De las paredes cuelgan las insignias de la marca, además de sus banderas y diseños. El suelo está pintado casi en su totalidad de azul, a excepción de un espacio que enmarca la cuadrícula blanca y negra del automovilismo. Se prende la luz e inicia el viaje histórico por la marca bávara. En la galería caben ocho carros que su dueño intenta rotar con cierta regularidad. En el momento me encuentro con un 2002 amarillo, un E30 cabrio rojo, un 1800 beige, un M3 E30 negro, un M3 E36 blanco, un E24 vino tino, un 135i uva y un Datsun 240z blanco. El estado de los carros es simplemente impresionante, siendo la mayoría de ellos conservados.

 

Galería privada: caben hasta ocho automóviles BMW que su propietario suele rotar periódicamente.

 

Finalmente ha terminado la llamada telefónica y empieza la reunión. Me encuentro con un hombre callado que se limita a observarme mientras yo termino de recorrer la galería y tomar unas cuantas fotografías. Observo todo con mucho cuidado para no perderme de ningún detalle hasta que el coleccionista me dice que no tiene mucho tiempo entonces entramos nuevamente a la oficina para conversar. Sentado frente al motor de un BMW M6 logro comprender la historia del hombre detrás de tan magnífica colección.

 

 

Cuando estaba en cuarto de bachillerato su papá le regaló el que fue su primer carro. Se trataba de un Ford 34 con porta suegras, algo muy valorado en su momento y ahora. Recuerda entre risas que la manera para financiarse era llevando a los compañeros al barrio, cobrándole 50 centavos a cada uno. Con este dinero podía costear el mantenimiento general del carro y la gasolina. El padre del coleccionista era propietario de una compra venta de carros, factor que también fue determinante para sembrar en su interior el amor por estas máquinas. Concretamente el amor por los carros viejos empezó hace unos veinte años cuando compró el primer ejemplar de su colección: BMW 2002 targa.

El primer ejemplar de la colección: BMW 2002 targa 1973.

El carro fue adquirido por medio de un amigo, buscando encontrar un carro que no fuera lujoso para poder ir en él a las obras. La razón era no llamar mucho la atención entre los obreros cuando se ingresara a las construcciones. Sin embargo, el carro estaba muy deteriorado y fue necesaria una restauración. Fue con ese ejercicio que realmente comenzó la afición por los clásicos. Después llegó una 2002 touring naranja que cariñosamente bautizó como La papaya. Le siguió un E9 3.0 que su propietario considera indudablemente como la joya de la corona. Ya con tres BMW clásicos apareció la oportunidad de adquirir un 2002 amarillo completamente restaurado. Quien se lo vendió fue un amigo, también coleccionista, que aprovechó la oportunidad para recomendarle que se mantuviera con una sola marca para formar su colección. Así fue. Siempre ha contado con el apoyo de su familia quienes sienten la misma pasión por la marca BMW. Cuando todos en la casa tuvieron la posibilidad de adquirir su licencia de conducción, cada uno tuvo su propio vehículo de la marca.

El más antiguo de la colección: BMW 1800 Neue Klasse 1968 (Exposición aniversario 10° BMW Club Clásicos Colombia).


La conversación se da una manera tan natural y amena que sin darnos cuenta ya llevamos más de una hora intercambiando palabras. El coleccionista está más cómodo que en el momento en que llegué, pues me muestra fotos de su celular, se extiende en sus respuestas y mantiene sus pies descansando sobre el vidrio de la mesa. Me aclara que la mayoría de sus carros son restaurados y que así los compra, pues no disfruta realmente del proceso de restauración de los carros ya que se pierde mucho tiempo en talleres. Sin embargo, siempre hay que dedicarle tiempo a los autos así ya hayan sido restaurados, pues carro viejo es carro viejo.

Mientras observaba la galería del coleccionista fue inevitable ver el Datsun 240z blanco que permanecía parqueado entre el E24 y el E82, pues es el único carro no BMW que aparece en la historia. La idea siempre fue seguir con la línea de la marca bávara pero llegó un día en que padre e hijo conversaron acerca de qué carro les llamaría la atención si existiera la posibilidad de salirse de BMW. Ambos concertaron que lo mejor sería un Datsun 240z. De casualidad, hace un año, encontraron aquel ejemplar en tan excelente estado que no pudieron dejar ir.

BMW E3 3.0L Bavaria 1975 (Exposición aniversario 10° BMW Club Clásicos Colombia).

Un abanico de opciones: BMW 2002, E30 touring, E30 cabrio, E36 sedán, E9 3.0CS, E36 coupé, E39, E30 M3, E21 323i, 2002 targa, 1800 Neue Klasse, E46 y E24.

 

BMW E30: 325i touring, 325i cabrio y M3.

El coleccionista dice estar ahora en su límite ya que se acabaron las posibilidades de parqueadero.  Es un tema con el que todos los gomosos deben luchar ya que nunca existe un espacio ilimitado para guardar los autos. Para evitar estos inconvenientes el coleccionista construyó en su finca un garaje para cuatro carros, cosa que hizo cuando apenas iniciaba su colección. Nunca pensó que tendría tantos ejemplares como los que tiene hoy. Tuvo que duplicar el garaje de la finca pero tampoco funcionó porque los carros allá guardados no se disfrutaban como debía ser. Posteriormente llegó la oportunidad de construir el edificio donde hoy queda su galería privada. Con el cambio de nivel del lote se pudo hacer aquel acceso completamente independiente.

La idea original era que la galería pudiera albergar 18 carros. Sin embargo, la oficina hubiera tenido que quedar arriba y para ver los carros tendría que haber un desplazamiento hacia la zona de los garajes. De esta forma se pudo construir lo que hoy se puede llamar desde una galería hasta un museo, algo mucho más importante que un garaje cualquiera. El espació además está equipado con herramientas. La idea era que los mecánicos pudieran llegar y trabajar sobre los carros en el mismo espacio. No se logró pero aún así hay cosas pequeñas que sí se realizan allí. Al coleccionista no le gusta meterle la mano a los carros a menos que sea algo menor. Disfruta limpiarlos y cuadrarlos pero no dedica su tiempo a actividades tales como arreglar un carburador o cosas ya más sofisticadas.

Siendo propietario de carros tan emblemáticos de la marca, me surge el interrogante de por qué autos como el icónico BMW Isetta no hacen parte de la colección.  La respuesta es muy sencilla. Los Isetta son carros que se convierten en piezas de museo, pues no hay dónde sacarlos o llevarlos. El coleccionista asegura que la magia de su colección es que todos sus carros son funcionales y pueden disfrutarse. Poder usar los autos es parte fundamental del vínculo que ha generado el coleccionista con sus juguetes. En Colombia tener un carro conlleva una serie de costos tales como el SOAT y la revisión técnico mecánica. Es por lo anterior que el propietario de esta colección ha optado por comprar SOAT para tres o cuatro carros y así utilizarlos mientras el documento tenga vigencia. Cuando éste se vence realiza el mismo proceso con otros carros y así va rotando periódicamente los vehículos que utiliza. Este proceso implica que algunos autos estén quietos durante un tiempo, razón por la cual pueden fallar en el momento de ser encendidos requiriendo así un mantenimiento y una inversión adicional. Los que mejor funcionan por supuesto son los nuevos. Sin embargo, estos tienen tal potencia que ha optado por no prestárselos con tanta regularidad como los clásicos a su hijo.

Me doy la vuelta y me encuentro nuevamente con esa motocicleta que atrapó mi vista al ingresar a la oficina. La historia de esa moto se remonta a un amigo de su hoy propietario que la tenía en el garaje de su edificio. Se le sugirió que la llevara a la galería donde podría ser exhibida y estaría mucho mejor cuidada. El señor accedió y la llevó al sitio donde hoy permanece. La moto llegó completamente funcional y estuvo parqueada junto a los demás ejemplares de la colección durante dos años. Finalmente el dueño de la moto se la ofreció en venta al coleccionista pero éste no aceptó ya que nunca fue amante de las motos y no contemplaba la idea de tener algo para sólo exhibirlo y no usarlo. Después de un tiempo el señor dijo que era inevitable la venta de la motocicleta entonces que debía llevársela. Fue en el ese momento que la negociación tomó mejor forma y la moto se quedó en la galería. Algún día su hijo pensó en meter la moto a la oficina y ahí permanece. Nunca la han usado.

El coleccionista se levanta del sofá y se acerca a su motocicleta. Me pide que le dé un momento ya que tiene que moverle la palanca. Yo sigo hablándole pero él está completamente abstraído, su atención está enteramente dedicada a la motocicleta. Me asombra ver a este hombre junto a su juguete, con una expresión de satisfacción en el rostro que no puedo describir. Entonces le repito la pregunta y continúa la conversación. Me cuenta que ha conocido mucha gente con la que puede compartir diferentes salidas en las que ruedan en sus autos. Lo anterior en grupos pequeños ya que dice que en los grupos grandes empiezan los señalamientos y esto es algo que busca evitar a toda costa. No quiere ser reconocido por el tema de su colección y es por esto que su galería no es publica y es contada la gente que ha tenido la oportunidad de conocerla. Incluso alguna vez llegó una vendedora de Autogermana para preguntarle si sus compañeros podrían ir a conocer la galería. La respuesta fue negativa. Además de los autos el coleccionista cuenta con otros hobbies. Tiene una gran colección de videos del Banco Popular de Puerto Rico, que muy poca gente conoce, y además siempre ha tenido una cámara en la que registra videos. De esta forma guarda recuerdos de sus hijos desde que nacieron hasta el día de hoy. Todo lo mantiene muy organizado y disponible para verlo en cualquier momento. Además, disfruta mucho de hacer manualidades. En su casa hizo un salón donde hay un mesón con puertas y cajones que guardan todos los elementos necesarios para realizar cualquier tipo de actividad de carpintería, electricidad, plomería y mecánica. Es totalmente independiente del apartamento y es allí donde se entretiene escuchando música y trabajando.

Si tuviera que vender un carro no sabría cuál sería. Se le pasa por la cabeza el E21 ya que lo considera un auto muy poco especial, aunque realmente no contempla la opción y menos este año que ese auto será juzgado para recibir sus placas de clásico. Sin embargo, asegura que no hay razón alguna para que un auto con dichas placas sea considerado de mayor valor que otros.

BMW 2002 1973, color GOLF.

Ya después de más de dos horas de compartir con ese hombre tan especial, llega el momento de retirarme. Doy la última vuelta por la galería mientras me cuenta un poco más acerca de su vida. Entonces bajamos al garaje y nos despedimos. Se monta en su E46 y sale del edificio. Son cientos las personas que se cruzan con él cada día, pero es casi ninguno el que realmente sabe a quién tiene en frente y con quién está hablando cuando se lo encuentra: el coleccionista anónimo.

“En un carro nuevo a uno lo miran, en un clásico lo admiran” (El coleccionista).

Juan Felipe Reina Munévar.

 

 

 

Comments

comments