Mi afición: Leonardo Higuera

Hace unos días compartí un artículo titulado Nota del autor: mi aifición. La nota fue bien recibida y logró mover diferentes fibras entre los lectores. Fue por lo anterior que al interior del Club tomamos la decisión de abrir un espacio para que los socios puedan compartir algunas historias y anécdotas frente a su afición. Sin embargo, recibimos un texto especial que merece ser inmortalizado en esta publicación. Se trata de la historia de Leonardo Higuera, gran amigo y completo apasionado por la marca BMW: 

A mis padres les quiero dedicar esta historia, pues gracias a ellos soy quien soy.

Cuando tenía 7 años corría el año 1982 y en el barrio había una tienda naturista que era atendida por un hombre alto, rubio, de ojos claros y muy amable. Allí permanecía con su esposa, que era igualmente rubia de ojos claros, y sus hijos: 2 varoncitos y una niña de edad escolar (ellos fiel estampa de sus padres). Esta tienda estaba frente a la iglesia y era mi paso obligado para muchas partes y cosas tales como la preparación para la primera comunión, el comercio, ir a tomar el bus para ir al colegio, en fin. Crecí pasando por el frente de esta tienda naturista, donde mantenían siempre parqueado su BMW 320 E21, color verde claro metalizado. Siempre reducía mi paso para observar y admirar ese automóvil allí parqueado, ¡siempre perfecto! Tuve más de 16 años pasando por allí siempre detallándolo y admirándolo.

Para mis 22 años de edad (1997) tuve la oportunidad de comprar mi primer vehículo: después de ahorrar bastante y junto con un préstamo de mi padre, reuní seis millones de pesos. Yo revisaba el periódico y consciente de mi presupuesto quería un escarabajo o un BMW 2002 pero en mi casa, en especial una tía, no gustaban de la idea y lo argumentaban diciendo que los repuestos eran muy caros y que seguro al ser un carro «viejo» los pediría. Simultáneamente un compañero de la oficina de esta misma tía, vendía un R18 GTX modelo 85 en 5’6 millones de pesos. Se estableció entonces que era mejor un carro conocido y Renault, pues tenía repuestos económicos y buena representación, además de que se ajustaba a mi presupuesto. En esos días pasó algo tan increible como triste, pues ese carro que llevaba admirando por más de 15 años estaba en venta. Pasé de afán para ir a la oficina (ya trabaja para entonces) y vi el aviso pegado en la parte de atrás del vehículo con el número fijo que correspondía al de la tienda naturista, tomé nota y seguí. Una vez atendí la urgencia de llegar a la oficina, llamé. Casi que era una conversación familiar para mí porque sabía exactamente quién estaba del otro lado del teléfono: un hombre alto, rubio, delgado y amable. Pregunté por el carro, “es un carro familiar que ha estado con nosotros por más de 15 años, es un gran automóvil, 100% alemán, muy cómodo”, ¿es económico?, “mire ese carro con el tanque lleno va y regresa de Melgar”, ¿y los repuestos?, “son repuestos muy finos y duran muchos años, son más costosos pero los alemanes hacen carros para toda la vida”. En la medida que pasaban los minutos y la conversación, aumentaban mi emoción y ansiedad. Sin embargo, todo quedó allí cuando le pregunté por el precio, pues pedía diez millones por el carro. Sin desconocer mi realidad le dije que no me alcanzaba, que tenía 6 millones de pesos y que estaba viendo un R18, a lo que él me respondió “es una buena opcion para su presupuesto es es un muy buen carro”. Terminé agradeciendo por la información aunque jamás me identifiqué para evitar la pena de que no me reconociera, pues imaginé que frente a su negocio pasarían muchas personas a diario al igual que yo. Colgué entendiendo que no era el momento y mi primer carro sería ese R18.

Mientras tanto a la firma para la que trabajaba solían llevar dos E30-M3, uno negro con lineas rojas y uno plata. Estos carros yo los admiraba y siendo lector asiduo de la revista motor sabía lo que eran a nivel mecánico y de performance. De las cosas que más me gustaban dentro de todo su diseño y que incluso mucha gente pasaba por alto eran dos cosas: los lavafaros y las exploradoras incrustadas en el balance. Es algo así como el que se enamora de alguien por sus pestañas. Me detenía a admirarlos cuando estaban parqueados, con la excusa de fumar un cigarrillo. Así los años fueron pasando y pasé por Renault, Ford, Nissan, Toyota, Peugeot… En fin, siempre he sido un apasionado por los autos, admirándolos, pasando por fiebres de tuning, piques, car audio, y todo de lo que implique este mundo sobre ruedas. De vez en cuando desde el 2010 miraba en los clasificados buscando un E30-M3 (como muchos por acá), leí y releí el foro, casi deshechando la idea. Para el 2017, haciendo la revisión tecnomecánica a uno de mis autos de diario, vi un E21 verde claro metalizado que me recordó ese amor, ese sueño. Empecé entonces mi búsqueda de nuevo: arranqué viendo cabrios E30 y terminé haciéndome a un E30 Sedan. Materialicé ese sueño de muchachito, historia que ya muchos conocen y que está en el Foro (https://www.bmwclasicos.com/foro/threads/4297/). 

Como sabemos que este tema sin fotos no vale nada, comparto unas fotografías de Anakin (así es como Leonardo decidió nombrar al sedán). Éstas fueron tomadas durante una sesión de fotos para el calendario oficial del Club, en el que nos acompañó Joel Carapuig de Retro. Lo menciono para así darle los créditos correspondientes, pues es posible que alguna de estas tomas sea de él ya que recuerdo verlo ese día disparando con su cámara.

Este BMW E30 sedán corresponde al primero de la colección. Recuerdo que el año pasado (antes de formalizar nuestra alianza con el Automóvil Club de Colombia para otorgar placas de antiguo) un directivo del ACC se comunicó conmigo para pedirme referencias acerca de ese vehículo. Mis comentarios se quedaban cortos para describir el trabajo tan profundo y amoroso que había sido dedicado durante la restauración de ese carro. Lo recomendé plenamente para que le otorgaran tan merecidas placas y aún me mantengo en esa posición. Efectivamente el día del juzgamiento recibí otra llamada en la que el juez reafirmaba mis palabras, ¡qué carro!.

Para nadie es un secreto que la afición de Leonardo frente a los clásicos ha crecido a pasos agigantados y para mí es un gusto decirlo. Cada vez somos más las personas que buscamos fomentar esta pasión de manera sana y sin envidias. Entre mis favoritos se destacan un E30 323i cupé restaurado en su totalidad, un E9 3.0 y un Porsche 911 Carrera 3.2. Sin embargo, las historias de esos carros ameritan un texto exclusivo para otra ocasión. 

Cierro este homenaje a un gran amigo, agradeciéndole por permitirme publicar su historia. Extiendo el agradecimiento a Norma por la paciencia y el cariño, así como a sus hijos por la pasión y el entusiasmo.

Juan Felipe Reina Munévar.

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